miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cap 1 - Incógnita X (Parte 2/6)


 Eker

Caminó a paso ligero por la calle. Ni si quiera se paró para ponerse la chaqueta cuando salió del local. El frío se metió por entre los minúsculos poros de su ropa, calándole completamente, pero Eker lo ignoró. En su cabeza tan sólo tenía cabida la ruta que iba a tomar para llegar a su piso lo antes posible. Dudó entre coger un taxi, la línea M1 de metro o la M5. Finalmente se decidió por la última opción.
No fue hasta que llegó al metro -y tuvo que parar y esperar dentro a que hiciera su recorrido- que no pensó en qué haría cuando llegara al piso. Un repentino miedo le sobrevino y tuvo que luchar contra él y apartarlo de su cabeza para no desesperar y poder así pensar con claridad.
Alguien que no era él había entrado en su piso.
No podía llamar a la policía. Lo último que quería era tenerla husmeando por su piso y revolviéndolo todo. Si es que no era la propia pasma la que había entrado…
Luego debería enfrentarse él sólo al problema del intruso.
Como primera medida, contactó con la IA de su piso y le envió la orden de cerrar la puerta de salida y todas las ventanas. Sabía que realmente esto no era ninguna solución ya que quien había entrado había conseguido burlar el sistema de identificación y si era ducho en la materia podría volver a hacerlo para salir. Con suerte no sería el caso o, al menos, le daría a Eker el tiempo de llegar al piso.
En cuanto las puertas se abrieron salió corriendo hacia el ascensor todo lo rápido que sus tacones de 10 cm le permitieron. Recorrió la calle a zancadas. Los transeúntes le miraron al pasar tan aceleradamente, pero no le importó. Al llegar al portal de su piso presionó su pulgar en el interfaz y entró en el rellano antes de que la puerta terminara de abrirse. Pasó de largo del ascensor y fue directo hasta las escaleras. “Así aprovecho para hacer algo de ejercicio”, pensó, para acto seguido reprocharse el estar pesando en esas cosas en un momento como aquel.
Cinco pisos después tuvo que reconocer que tomar aquella decisión había sido un craso error. Se quitó los tacones y subió los seis pisos que aún le quedaban saltando de tres en tres por los escalones con los zapatos en la mano. Tomó un único segundo de descanso para recobrar el aliento, otro segundo para volver a colocarse bien el pelo y, finalmente, otro para abrir la puerta de su casa y entrar con aparente total tranquilidad en ella.
Cerró la puerta tras de sí y caminó derecho hasta el salón. Un agudo chillido se escapó de entre sus labios cuando vio la silueta que se encontraba esperándole dentro.

Keyne

La música electro resonaba por las paredes del baño. ¿La casa? Totalmente vacía. Sólo estaban él y su reflejo, el cual lo miraba con desazón en aquel espejo. Ya no podía esconderlo más, ya no podía reprimir quién era y quería ser, necesitaba hacerlo y necesitaba hacerlo ya.
Sus manos se llenaban de una crema de olores fuertes que hacían que su nariz se resintiera de ellos. Su sonrisa ensanchaba, al fin iba a hacer lo que él quisiera y como él quisiera. Ya no iba a ser una marioneta sin voz ni voto… le habían enseñado demasiado mundo a través de Internet y las tecnologías, demasiado, y aun así poco, como para seguir así.
Mechones de pelo blanquecinos caían por su rostro después de quitar aquella crema, no quedaba ni un atisbo de lo que escasos minutos atrás era un color castaño. Guardar aquel dinero e ir comprando aquellas pequeñas cosas poco a poco, escondiéndolas de los padres, fue lo mejor que podría haber hecho. Cogía crema tras crema, mezclándolas, consiguiendo esta vez un color rosado. Con ayuda de guantes y brocha fue tiñendo cada parte de su pelo, quedándole un tono rosa uniforme. Tras aquello, lo lavó poniéndole protección y se lo alborotó un poco. Su cara reflejaba pura felicidad. Su cabeza y cuerpo acompañaban aquella felicidad, moviéndose débilmente junto a la música. Aún no había terminado, aún le quedaba tiempo antes de que volviesen. Con esfuerzo, se puso las lentillas, rosas también, cogió su reproductor de música y fue a su cuarto a vestirse.
En su habitación, en el armario, en un pequeño trasfondo que él mismo había hecho, cogió toda la ropa que tenía escondida -tan diferente a la que había colgada en el armario- y la metió en una pequeña maleta, dejando fuera unos pantalones negros de tipo industrial con remates de arcoíris, una sudadera blanca bien calentita con capucha haciendo forma de panda y un pañuelo de mil colorines diferentes. Se vistió con aquello y se puso algunos accesorios. La pequeña maleta ya tenía la ropa, apuntes y cuadernos suyos, y algunas cosas de valor sentimental para él.
Era justo el momento, la puerta de salida sonaba al abrirse. Su madre había llegado. Cogió su maleta, su reproductor y caminó con tranquilidad por el pasillo hasta encontrársela de frente. Los ojos de la madre se abrieron como platos, su cuerpo tembló ante la idea de verlo como a su hermano mayor.
–Keyne…Ke… –la voz de su madre parecía entrecortada, estaba tan sorprendida que casi no pudo reaccionar–. ¡¿Qué es esto?! ¡Tu pelo! Y… –dejó de escuchar Keyne al ponerse los auriculares con la música.
Keyne sólo caminó hacia adelante, poniéndose a su lado, sin escuchar nada más de lo que le decía. Le dio un beso en la mejilla a la madre, dejándola más impactada, y le susurró al oído:
– Aun así os seguiré queriendo…–terminó diciendo éste, saliendo por la puerta abierta y desapareciendo poco a poco de la vista de la madre que, impactada, no hizo nada. Fue una suerte no haberse encontrado también con el padre.
Su nuevo yo, su maleta y su música lo acompañaban en el camino de su nueva vida. Sólo colocar un par de veces más el pulgar para coger el tren y el metro y saldría por fin de allí.
Sus pies tocaron suelo nuevo al bajar del metro. Su sonrisa cubría todo su rostro y su felicidad era plena.
– Kielce, Key…no, Keyne no. ¡Sweety ha llegado!­ –murmuró sonriente, dándose cuenta de que esto sería un cambio radical, tanto que sería buen momento para usar el apodo por el que tanto le gustaba que le llamasen.
Cuando llegó, se percató de que en aquella nueva ciudad parecía no llamar mucho la atención, veía a muchas personas de estilos diferentes, aunque aquello fue desapareciendo conforme llegaba al barrio que buscaba. ¿Habría cogido por sorpresa a su hermano mayor? Eker aún no sabía con certeza qué día se iba a mudar con él, aunque llevaban un tiempo escribiéndose y hablando sobre ello. Keyne le explicó su situación en casa, parecida a la que en su día padeció Eker, pero Keyne se reprimía ante los padres, por eso nunca hacía nada, hasta que hoy, ya no pudo aguantar más.
Se acercó al portal de pisos indicado y apoyó el pulgar en la placa de reconocimiento para comprobar si Eker había metido sus datos para poder entrar. Negativo, aquello no lo reconocía y Sweety no tenía forma de contactar con Eker en ese momento. Miró hacia un lado observando cada palmo de la calle y miró también hacia el otro con cierta discreción. Nadie en la calle, pero quizás habían algunas cámaras de vigilancia estratégicamente colocadas. Rápido, se posicionó creando un ángulo muerto con respecto a la pared y la calle, para prevenir que le viesen lo que tenía intenciones de hacer.
De sus suspenders, cogió un pequeño “llavero” cilíndrico que llevaba colgado, abriéndolo y sacándo de él una pequeña herramienta. Con algo de maña abrió el panel de reconocimiento del portal, pudiendo así encontrar un puerto de conexión que usaban los reparadores. Cogió su reproductor  y quitó la música, abriéndolo en una pequeña pantalla y descubriendo un pequeño teclado. Pellizcó una de las esquinas del pequeño aparato, haciendo que de él saliese  un cable de conexión, el cual introdujo en el puerto del panel. Tecleó varias cosas con mucha maña y facilidad –no era la primera vez que practicaba el hacer aquello, ya lo hizo con anterioridad en casa de los padres, practicando todo lo que fue aprendiendo por internet– metiendo un par de archivos al programa del panel.
–Listo… –susurró satisfecho y sonriente, guardando sus cosas y dejando el panel de reconocimiento tal y como estaba.
Vovió a poner el dedo en el panel y… ¡Bingo! Las puertas quedaron abiertas ante él, pudiendo entrar así sin problemas en el bloque. Cogió el ascensor y llegó a la puerta 11B, llamando un par de veces a su hermano y al no obtener respuesta, repitió la maniobra de antes, ya que su hermano no había metido sus datos y parecía no estar en casa. Una vez hecho aquello, entró en la casa, sorprendiéndose un poco por lo extravagante y chulísima que era. Aquí se iba a sentir muy cómodo.
–¿Eker...? ¿Eker...? –llamó repetidamente, dando por afirmativo que no estaba en casa.
Anduvo de aquí para allá, sorteando algunas veces muchas cajas y chismes que habían esparcidos por todo el piso.
–¡Genial! ¡Buah! ¡Qué chulada! –decía alucinado al ver tanta electrónica, ordenadores y partes de ellos por la casa. Al parecer su hermano era mejor de lo que recordaba y tenían bastante en común. ¿Quién sabe? Quizás a él le gustaban tanto esas cosas también por lo poco que vio del hermano; ya se sabe, los hermanos pequeños suelen remedar al mayor.
Cuando vió todo aquello, para esperar a que Eker llegase a casa y se encontrase con esta sorpresita, se sentó en uno de los sofás, toqueteando su pequeño “ordenador”, distrayéndose mientras esperaba.

Eker

Eks tiró los tacones a un lado y se corrió hasta su hermano pequeño lanzándole el bolso a la cara.
― ¡Será mamonazo el niño! ¡¿Tú sabes el susto que me has dado?!
Acto seguido agarró al chico de los hombros, prácticamente levantándolo del sofá sin mucha dificultad, y lo estrujó entre sus brazos y los postizos.

Keyne

Miró hacia la puerta extrañado, quedándose pasmado viendo a aquella mujer. Recordaba que su hermano tenía gustos peculiares a la hora de vestir y esas cosas pero… ¡no lo recordaba así! ¡Así totalmente como una llamativa mujer no!
Más pasmado, inmóvil y rígido se quedó cuando esta empezó a estrujarlo contra su pecho. ¡Pechos! Su cara se puso del color del tomate, su lengua se trabó y su cerebro se prejubiló antes siquiera de haber llegado a la edad adulta. ¿Qué por qué estaba así? Aun cuando nadie lo había tratado con mucho cariño y cercanía, ahora tenía a una mujer abrazándolo efusivamente contra aquellos…aquellos senos, cosa muy vergonzosa para este inocentón. ¿Seguro que esto era su hermano? Que no sería nada malo pero… Sweety estaba muy desorientado.
Quería zafarse un poco del abrazo, pero negativo, su cuerpo también se había prejubilado. Estaba inmóvil y sin habla. Sólo quería mirarle de cerca la cara para dar por sentado quién era realmente aquella persona…

Eker

Cuando le libró de su abrazo de oso, se quedó con las manos apoyadas en los hombros del chico, mirándole risueñamente. Sin embargo, al ver a su hermano KO, su sonrisa se esfumó de repente para dejar paso a otro repentino ataque de pánico. Esta vez, sin embargo, era un pánico que hacía demasiado tiempo que no experimentaba, por lo que apenas pudo refrenarlo.
Se apartó de él y lo miró, mordiéndose ligeramente el labio inferior. Aquel que tenía delante era su hermano pequeño. ¡Su hermano! Un familiar al que no veía desde hace… ¿cuánto? ¿6 años? Seguramente él era demasiado pequeño cuando todo aquello pasó y no debió de ser realmente consciente del motivo de su marcha del “nicho familiar”.
Keyne le conocía desde pequeño, sabía “quién” era. Ahora, frente a él, se sentía completamente desnudo ante la mirada de un juez cuyo dictamen, a diferencia de cualquier otro, sí le importaba. Un pequeño presentimiento de que no había sido buena idea ofrecerle acogida empezó a crecer en su cabeza.
Cambio el peso de un pie a otro y sonrió incómodo pero intentando aparentar igualmente autoridad.
― Sigo siendo tu hermano mayor, que lo sepas –dijo alzando el dedo índice, recalcando claramente el sexo de la palabra “hermano”.

Keyne

Una vez fuera de aquel abrazo y con el hermano enfrente de él, pudo verlo mejor y se puso rojo como un tomate. ¡Claro que era su hermano mayor! Pasase lo que pasase…¡él era su familia!
-¡¡C..c…claro!! ¡Claro que eres mi hermano mayor! Yo…yo…- instintivamente miró al suelo. Sin saber por qué estaba muy avergonzado pero muy feliz de estar con alguien que simplemente lo había abrazado y lo quería, aunque no lo viese hace tanto tiempo, y también no le dijo nada por vestir así, por ser así…-Yo…te he echado de menos…solo…solo me has cogido por sorpresa…- ya no sólo estaban rojas sus mejillas, también las sentía caliente.
Aunque en un primer momento estaba inmóvil, luego alzó una mano hasta uno de los picos de la chaqueta del hermano, y aferró su mano a esto. Aunque aún cabizbajo, sus ojos se estaban humedeciendo y su rostro hacía un horrible esfuerzo por frenar un puchero. ¿Por qué se sentía así? Quizás, aunque él no lo comprendiese, era tan sólo un crío y había soportado y pasado muchas cosas hasta ahora; ahora era el ahora de un descanso, un descanso en su vida, con…su verdadera familia.
Lo único que esperaba es no ser un estorbo para su hermano…lo que quería era exactamente que el sentimiento del abrazo que le dio Eker, fuese amor sincero…

Eker

Miró a su hermano, sin saber muy bien cómo reaccionar. Se humedeció los labios, nervioso. No podría asegurar muy bien de quién salió la idea de que su heramno se fuera a venir con él, pero sí podía decir que Eker no dudó en ningún momento en abrirle las puertas de su casa. Y no es que fuera un inconsciente, él había meditado y pensado cómo sería acoger a su hermano en el piso. Sin embargo, no era hasta ahora que se daba cuenta de todo lo que iba a conllevar. Estiró los labios en una amplia sonrisa.
–Ey ey ey –le agarra del cachete cariñosamente, al  ver que parecía a punto de llorar–, quieres... hum... ¿un chocolate? ¡Hay que celebrar esto!

Cayó tarde en que no tenia apenas nada comprado y no era plan de abrir una botella de vino. ¿Qué ejemplo le daría entonces? 'Ay, esto va a ser más difícil de lo que pensaba', rió para sí.

Keyne

Se manuseó la cara rápidamente, haciendo desaparecer esas lagrimillas que se le estaban formando y lo miró con una sonrisa de oreja a oreja.
–¡Vale! –le dijo emocionado ante la idea de algo dulce, le chiflaba–pero...Eker...siento haber llegado sin avisar...–se disculpó con la situación más calmada.

Eker

Le sonrió afablemente.
–Ya te tiraré de las orejas por eso, ya... –bromea–. Y yo que quería despejar tu cuarto y darle un buen limpiazo. Tsk, tsk, tsk –poniendo los brazos en jarra y niega con la cabeza, chasqueando la lengua. Luego sonrie y se dirige a la cocina–. Ponte cómodo! Estás en tu casa –girándose por el camino parar añadir aquello con una sonrisa. Entra de espaldas a la cocina.

Keyne

Hinchó los mofletes con una sonrisa picarona.
–Bueno! Pues entonces podemos hacerlo juntos! Así no tienes que limpiar ni esforzarte tanto por mi – fue andando detrás de Eker, siguiendolo a un metro de distancia cual perrito –Quiero ayudar! –exclamó con ímpetu. En aquella casa quería poner también de su parte.

Eker

– No lo digas muy alto o acabarás de chacha –suelta con una carcajada.
Se acerca al frigorífico y saca una botella de cristal llena de leche. Llena un cazo con ella y la pone sobre la vitrocerámica a calentar, mientras va a la despensa a por el chocolate en polvo. Cuando ve que la leche ya está templada, le echa cuatro cucharadas de chocolate. Coge una cucharada y empieza a removerlo.
– Y... ¿cómo están por casa? –pregunta, tras cierta duda.

Keyne

Se sentó en una de las sillas de la cocina, no muy lejos de Eker, con el espaldar en frente para así poder apoyarse en él. Su cara cambió un poco a preocupació.
–Bueno...las cosas están igual o peor...son muy duros...bueno...ya sabes...– Eker mejor que nadie sabía lo qué era vivir con sus padres y no poder aguantarlo más. –Mmm cuando me fui sólo estaba mamá...aunque...menos mal...¿Crees que harán algo? – le preguntó a Eker apesadumbrado con la cabeza medio hundida en la sudadera de sus brazos, sólo se le veía los ojos que miraban a Eker hacer el chocolate.

Eker

Ladeó la cabeza. Sí, ciertamente podrían hacer algo. No iban a dejar que su hijo pequeño se escapara así como así. Su hermano ya tenía 16 años, legalmente podía vivir con él perfectamente, pero aún seguía siendo menor de edad y los responsables legales eran los padres. Ellos no sabían donde Eker vivía, pero podrían ir a la policía; sería sumamente fácil rastrear su identificación hasta su piso. Podrían obligarle a volver.
Giró la cabeza hacia Keyne, sin dejar de remover el chocolate, y le sonrió:
– Nada de qué preocuparnos –le respondió finalmente. Eker no iba a permitir que se lo llevaran de vuelta. Cuando empezó a hervir la leche, apagó la vitro y virtió el chocolate en dos tazas–. Y... ¿se lo tomó muy mal? –cogio ambas tazas y se acercó a Keyne, tendiendole la suya. Tenía margaritas pintadas en un fondo verde claro–. ¿Te dijo... algo?

Keyne

Este cogió la taza que le ofrecía sonriéndo mientras lamiraba. Estaba super calentita y daba una agradable sensación entre las manos, y el olor, ya sólo el olor le hacía pensar en el exquisito sabor. Luego, antes de probarlo, sosteniendo el calorcito un poquito más entre sus manos, miró a Eker un poco tristón y/o abstraido.
– No sé si muy mal sería la descripción...creo que se quedó algo shockeada...es más, creo que se shockeo más por el hecho de mis pintas que porque me veía irme, ya que se quedó quieta sin hacer nada... – Por un lado le alivió que la madre no le impidiese irse, pero fue...demasiado fácil. – Creo que te vió reflejado en mí... –le dijo a su hermano de forma muy natural, monótono. Era lo que pensaba, y seguro que lo que había pasado; y era algo que odiaba, porque por la inaceptación de sus padres él "perdió" a su hermano.

Eker

Suspira.
– Lo siento –Le revuelve el pelo y se sienta en una silla cercana. Cruza las piernas y se lleva el vaso a los labios. Sopla–. No es culpa tuya. Aquello que pasó... supongo que les dejó muy tocados –le dio un pequeño sorbo.

Keyne

–¿Lo siento por qué? Aquello no fue culpa de nadie...ni tuya ni mia ni de nadie...aunque quizás si un poco de papá y mamá por pensar y actuar como lo hicieron...– le dijo de forma quizás demasiada madura para su edad. Keyne podía parecer infantil, pero no era exactamente eso. Le dió un buche al chocolate tentando que no estuviese muy calente. Uaah, estaba delicioso! No lo tomaba muy a menudo, lo padres eran muy extrictos con todo, incluso con la comida.
–Aunque supongo que tampoco los puedo culpar...al menos no mucho...ellos son así...supongo...– dijo pensativo Keyne. Seguían siendo sus padres, en cierta forma intentaba comprenderlos y aceptarlos tal como eran. –Mmmm...Pero bueno! Como te va a ti en el trabajo? Algo nuevo?! – le preguntó mirandole emocionado con los ojos como platos. Sabía a qué se dedicaba el hermano y que estaba entre tecnología, programas y etc de cosas que a él le encantaban; lo admiraba tanto...Él algún día también conseguiría trabajar en lo que le gustaba, electronica, maquinaria pesada o inteligencia artificial...era tan...divertido! Bueno, él se divertía con eso, para otros aquello era...dificil.

Eker

– No lo sé, tal vez... ellos no hubieras sido así contigo si yo no... Bueno, si aquello no hubiera pasado –Se encoge de hombros y le da un sorbo al chocolate, intentando dejar de pensar en aquello. Normalmente no solía beber chocolate, salvo después de largas horas de trabajo e insomnio, pero se trataba de un día especial.
Sonrió cuando cambió de tema a la electrónica. Le agradaba saber que su hermano se interesaba por esos temas también. Tenían en común mucho más de lo que recordaba. Eso le gustaba.
– Si vieras el prototipo que acabamos de producir ahora... fliparías –se inclina hacia delante, apoyandose en la mesa, para acercarse más a Keyne–. Se trata de un casco de realidad aumentada para los motoristas y ciclistas. A parte de proteger, como los cascos reglamentarios, incorpora una pantalla de percepción aumentada para facilitar la circulación. Así ya no es necesario usar el panel de control que había en el parabrisas, que con el casco, y mas aun si el visor o las gafas estan polarizadas, pues era poco práctico –dijo muy rapidamente pero pronunciando con total claridad, a la vez que movía la mano libre por el aire, como solía pasarle cuando hablaba de temas que le gustaban.

Keyne

Entreabrió la boca en una gran 'O', mirando y atendiendo a lo que le decía Eker.
– Wow! Eso...eso reduciría mil o eliminaría los accidentes o complicaciones que se pudiesen producir! Cuando se lanzará a mercado? Y...podrá ser accesible a todos? O se implantará como proyecto del gobierno? Es algo super importante...Bueno, en verdad muchas cosas de las que haces le facilitan mucho la vida a la gente. – lo miró con alegría – Eres genial – lo miraba mientras bebía de nuevo su chocolate. él también tenía proyectos, inventos e intento de mejoras de programación, pero pocas cosas pudo llevarlas a cabo porque no tenía material para ello, y lo poco que podía conseguir por aquel entonces no le serbía de mucho. Quien sabe...quizás ahora el hermano le ayudase a mejorar…

Eker

– Aún no lo sabemos. Acabamos de enviar 20 prototipos para que lo testen en el Pen-Lab. Si no encontraran ningún problema, quién sabe. Tal vez el año que viene ya esté completamente incorporado –sonríe de oreja a oreja, ilusionado–. Supondría un gran paso en la seguridad, así que mi supervisor está barajando la posibilidad de que se establezca como uso común reglamental para los motoristas urbanos.
Se ruborizó ligeramente ante su halago, sin dejar de sonreir.
– ¡Por supuesto! O al menos eso intento –ríe, ladeando la cabeza para apartarse el pelo de la cara con un leve movimiento.

Keyne

-Ujum...– masculló como comprención. El Pen-Lab...había escuchado tantas cosas diferentes de aquel lugar que no sabía qué pensar. Así que ese tipo de cosas se testaban allí...¿Cómo iría aquello? Mmmm...no era un tema que quisiera hablarlo con Eker ya que podría ser algo peliagudo y no era el momento. Luego lo miró con una sonrisa picarona en la cara
– Tú me ayudaras con mis proyectos y y y cosas que se me ocurren verdad?! Y me ayudarás a mejorar?! – Lo miró con ilusión, levantando los morros de la taza y viéndose con un bigote de chocolate en ellos ¿Qué mejor que la ayuda de su hermano para mejorar sus conocimientos y posibilidad de creación? –Algún día yo también haré cosas como las tuyas...quien sabe...quizás te gane incluso...– le dijo estirando el cuello y levantando una ceja en plan "orgullo de superioridad", aunque con aquel bigote de chocolate era más un intento de orgullo de superioridad gracioso…

Eker

– Claro que te ayudaré –le responde con una sonrisa y estira el brazo para revolverle el pelo–, pero no creas que te lo voy a poner fácil –Se levanta y va hasta la encimera, enjuaga la taza y la deja en el fregadero–. Tendrás que esforzarte. Si lo haces, podrás conseguir cualquier cosa –vuelve de nuevo hasta la mesa y se apoya en el respaldar de la silla–, y quien sabe, a lo mejor algún día consigues hacerme competencia –le saca la punta de la lengua, divertido–, o... podríamos llegar a tener una empresa juntos~
Sonríe, cariñoso.
– Voy a ponerme cómodo y te saco algo para que puedas dormir en el sofá –hace un gesto hacia el salón, a la vez que da unos pasos hacia allí medio de espaldas–. No te asustes, es cómodo. Yo incluso he dormido a veces en él por tal de no ir al cuarto –suelta una carcajada.

Keyne

Se emocionó aun más sólo con la idea de que el hermano le ayudase y enseñase algunas cosas. –Me esforzaré! – le exclamó sonriente y se tomaba lo que quedaba de chocolate en la taza –Mmmm eso de una empresa juntos suena bien...– le dijo pensativo, meditando esa posibilidad aunque fuese aun muy temprano para ello.
Keyne rió y fue hacia el fregadero. –No te preocupes, puedo quedarme dormido en cualquier sitio y en cualquier posición...comprobado... –dijo aquello con gracia. Era cierto, cuando le entreba el "sueño pardo" podía estar sentado, de piernas cruzadas o con un cuerpo medio fuera de la cama y/o sitio que estuviese que él podía quedarse dormido. Cogió una servilleta y se limpió los morros. Efectivamente, había tenido un bigote de chocolate, se dio cuenta al limpiarse. Buscó donde depositarla y allí la echó/dejó.
Como un cachorrillo, siguió de nuevo a Eker hasta el salón, a escaso metro de distancia, mirándolo con curiosidad. Él sabía que el hermano tenía gustos dispares a la hora de vestir o verse, pero tenía curiosidad por ver cómo estaba "de normal", hacía tiempo que no lo veia así.

Eker

Cruzó el salón y se dirigió hasta el pasillo.
– Este será tu cuarto... cuando saque todos los chismes. Éste es el mío –señala a las respectivas puertas–. Y... el cuarto de baño.
Camina hasta el vestidor y mientras se va quitando la chaqueta del traje. Abre una de las puertas y coloca la chaqueta en una percha.
– No sé si tendré que hacerte un hueco aquí o mejor... compramos un armario para tu cuarto –ladea la cabeza, mirando al armario. Estaban hasta arriba de ropa de lo más diversa y sabia que el poco hueco que quedaba no tardaría en llenarse en la próxima temporada.
Hace ademán de seguir desvistiendose, pero entonces cae en cuenta de que su hermano está al lado suya. Le mira, ruborizándose un poco, repentinamente cortado.
– Ehmm... ¿te vas a quedar mirando?
No entendía muy bien por qué le daba corte aquello. Él no se avergonzaba de sus gustos a la hora de vestir. Pero era cierto que siempre se había "despojado de su imagen aparente" en soledad y para su intimidad, así que ahora se le antojaba extraño e incómodo, como si fueran a juzgarle de nuevo. Lo cual volvía a ser absurdo. ¿Primero le incomodaba que lo vieran travestido y ahora le incomodaba quitarse aquella 'mascara'? Sacudió la cabeza echando a un lado todo aquello y empezó a desabotonarse la blusa.

Keyne

Lo siguió, mirando atento todo aquello que le enseñaba de la casa ya que él no había visto nada, simplemente se había lanzado al sofá.
Cuando miró el armario de Eker dijo: –Armario, armario...– eligiendo la opción de compra, ya que ahí no había un dios que metiera algo más y eso que el no había traido prácticamente nada. Cuando volvió a mirar a la cara a Eker y este le dijo aquello se dio cuenta de un pequeño detalle.
–Eeeeh perdón! – se ruborizó y se dio la vuelta.
–Mmmm...mmm...voy al salón! – dijo mientras salía por la puerta. Quizás Eker necesitaba intimidad, además tenía esos...pechos y...bueno...era algo vergonzoso...
En el salón, se sentó en el suelo junto a la mochila/macuto que había traido con un par de mudas y algo de ropa de su estilo que pudo comprarse. Miró su interior, mirándo todos las cosas que había traido, entre ellas un pequeño cuadro con una foto de él y el hermano cuando era muy pequeño. La miró y sonrió, dejándola a un lado del suelo. Algunos cuadernos con sus inventos, creaciones y mejoras, apuntes...poca cosa. Y su mini-pc/ movil ((siempre que hablo de su mini pc tengo la imagen de algo como esto pero con mini teclado de ordenador, puertos usb y etc http://giraffreman.files.wordpress.com/2011/06/gameboy_advance_sp_black.jpg))...tendría que intentar conseguir un portatil o pedirle prestado el ordenador a su hermano si quería conectarse bien, ya que el ordenador que dejó en casa era muy pesado como para traerselo...–Mmmm de momento me voy a tener que apañar contigo...– le dijo a su mini-pc.

Eker

–Gracias~ –Le guiña un ojo.
Se desviste con tranquilidad, dejando con cuidado la ropa en su sitio en el armario. Se quitó las orquillas con las que sujetaba la peluca y la dejó sobre un maniquí de cabeza. La peinó un poco con las manos, acedentandola para que no se estropeara al guardarla. Finalmente, se vistió con unos pantalones de chandal y una camiseta de mangas largas. Se puso unos calcetines beigs gorditos que usaba casi a modo de babuchas y salió de nuevo al salón.
– Aaash, nada cómo estar en casa y poder ponerte cómodo~ –dijo mientras se desperezaba y terminaba revolviendose el pelo con una mano.

Keyne

Con su mini-pc en las manos miró hacia Eker lo vio...totalmente diferente. Ahora era el hermano que solía recordar de casa, aunque más grande y...hombre. ¿Cómo podía cambiar tanto de vestir de forma femenina a vestir como hombre? Era impresionante, camaleonico tal vez. No podía apartar la vista. –Vuaya...–le dijo impresionado. –La cosa es que creo que me inflinges más respeto de la otra forma...no sé por qué...–le dijo luego, sonriéndole de oreja a oreja. –Creo que cuando estés vestido de salir como antes, intentaré no enfadarte...–le dijo riéndose. Aunque no era que no infligiera ya respeto así...Lo miró de nuevo a la cara, sus facciones, su pelo, y luego, sonrió cariñosamente como si hubiese recordado de golpe todos los pocos momentos que pasó con el hermano.
"Te echaba de menos" quería haberle dicho, pero fueron palabras que no salieron.

Eker

Torció una sonrisa, bajando la barbilla casi hasta su cuello.
– Bueno, eso es lo que pretendo –repone. La verdad era que vestido de aquellas femeninas formas se sentía más liberado, casi capaz de cualquiero forma. Y eso, de alguna manera, se veía reflejado en su "aura". Sin embargo, así, sin arreglar, se sentía vulnerable y expuesto. Pero aquel que tenía en frente era su hermano, su pequeñajo. ¿Qué importaba eso ahora? Realmente le había echado de menos...
Se acerca a él con una sonrisa burlona.
– Conque así pierdo respeto, eh? ¡Pues ya verás! –le atrapa en un abrazo de oso y lo "sacude", jugando, mientras carcajea cual villano.

Keyne

–Aaaaaaaaah...jajaja..jaja...
sueltaaaa...–le decía entre risas mientra se agarraba de sus grandes brazos –Nooo no, vale, no, no pierdes respeto! Nada! jajaja...–le admitió divertido. ¿Cuánto había pasado desde que no tenía una situación así, desde que reía con alguien tan abiertamente, desde que se sentía tan bien? Se abrazó mucho más fuerte a los brazos del hermano que lo atrapaba, en cierto modo no quería que lo soltase, pensaba con las mejillas ruborizadas de la risa y una gran sonrisa.

Eker

Después de revolearlo un rato y hacerle alguna que otra cosquilla, cual hermano mayor, se quedó abrazado a él; contento, a gusto, feliz. Cogio aire y se separó de él, dejándole aún las manos en los hombros.
– Bueno, vamos a prepararte ese sofá y... mañana nos ponemos con tu cuarto, te parece? –le dijo con una amplia sonrisa.
Entre una cosa y otra se les había hecho de noche y ni se había dado cuenta. Y después de todo el día de "viajes" y trabajo, empezaba a sentirse reventado.

Keyne

Sí, esta era la persona a la que más admiraba, su hermano, y sabía muy bien, que a él lo quería.
Acto seguido de decirle aquello su hermano, bostezó ampliamente mientras lo miraba. Vale, sí, ahora empezaba a sentir todo el cansancio de todo el día. –Creo que es una buena idea...– le dijo mientras se levantaba despedezaba no sin antes coger el pequeño cuadro con su foto del suelo. –Eker...¿puedo poner esto por aquí cerca?...- le mostró la foto de ellos cuando él tan solo era una mijilla; la única que pudo salvar.

Eker

Cogió el marco de foto y la miró, ensanchándosele una sonrisa nostálgica.
–Diore, qué taponcillo estabas hecho aquí... y qué grande estás ahora –alza la vista a Keyne, como comparandolo con la foto–. Qué rápido pasa el tiempo –sacude suavemente la cabeza. Parecía que fuera ayer y, a la vez, sentía que había sucedido en otra vida. Le devolvió el marco–. Ponlo donde quieras, me encanta~♥
Se dirigió al cuarto y volvió al poco cargado de mantas. Las extendió en el sofá. Con un poco de maña consiguió convertirlo en un mullidito sitio donde poder pasar la noche.
–Ale.

Keyne

Le sonrió a aquello que dijo y puso la foto en la mesita más cercana, donde se pudiese ver bien desde todos los ángulos.
Como pudo intentó ayudar a Eker mientras hacía la improvisada cama, pero la verdad, no era muy bueno en esas cosas, la limpieza y el orden sí, pero cierto tipo de quehaceres como era la cama, fregar la vajilla, y electrodomésticos varios, no eran su fuerte.
–Creo que voy a caer muerto en cuanto me acueste...– dijo mirando el sofá con todas aquellas mantas. Le encantaba, eso de estar entre mantas, cojines y mullidito, le podía. – ¿Mañana tienes trabajo? –le preguntó mirándolo y buscando un pijama de colorines que había echado en su macuto.

Eker

Suspira.
– Sí... –hace una cómica mueca de resignación acompañada de un chasquido con los labios–. Pero procuraré volver pronto para que podamos preparar tu cuarto~

Keyne

–No te preocupes por mi, el trabajo es el trabajo.– lo miró y le sonrió. No quería interferir demasiado en el curso de su vida. –Mmm, Eker, yo...mm, tienes ordenador?– le preguntó indeciso. –así al menos me distraería y empezaría a buscar información de los alrededores...deberíamos también buscar información de los institutos...y el papeleo...y...–se sentó medio desplomado en el sofá mientras su tono de voz iba tomando un tono bajo y con desazón; se acababa de dar cuenta lo que conllevaba haberse venido a vivir con su hermano y todo el tramite y cosas que tendrían que hacer.

Eker

Ladea la cabeza pensando en ello, pero tan sólo con el hecho de pensar en tooodo el papeleo que se les venía encima, se le escapó un amplio bostezo.
– Cierto... Mañana... mañana lo vemos –dijo, alzando el dedo indice, absorto en los pensamientos–. Ahora... creo que tiraré a dormir –respuso, sin poder evitar soltar otro bostezo antes de terminar la frase. Le mira un momento, con cierta duda, pero finalmente se acerca a él, le suelta un beso en la mejilla, y se se va a trote–. ¡Buenas noches!

Keyne

Se ruborizó y quedó absorto tras el beso de buenas noches de Eker, no estaba acostumbrado a mucho cariño en su casa, es más, se veía falto de ello, lo quería. Sonrió para sí y le dijo, aunque quizás ya no lo escuchase: –Buenas noches...
Se desvistió allí mismo y se puso el pijama pasteloso, se quedó sentado en el sofá revolviéndose el pelo y bostezando. Mañana tendrían que hacer muchas cosas...mañana sería otro día. Apagó las luces del salón y se tiró en el sofá, tapándose hasta la boca con las mantas, pero antes, cogio su mini-pc y lo encendió. Entre la oscuridad la poca luz que daba la pantalla lo transportaba dentro del mundo internauta como él decía. Nunca podía acostarse sin "dar las buenas noches" mirando todas sus redes/networks.

Eker

Con un sentimiento extraño, pero reconfortante, se fue hasta su cuarto. Se quitó la camiseta y los pantalones, los echó sobre un sillón y se metió entre el lote de mantas y sábanas de peilto que tenía. Cogio una de las dos almohadas que tenía en la cama y se abrazó a ella, intentando coger la postura. A pesar de que estaba agotado de todo el día, tardo un buen rato en quedarse dormido, ya que no podía dejar de pensar en mi y una cosa.
A la mañana siguiente, aunque se acostó tarde, acabó levantandose a primera hora de la mañana. Se metió una camiseta ancha de mangas largas y se fue a la cocina. Al encontrarse a su hermano hecho un amasijo entre las mantas y cojines, en el sofá, al principio se llevo un pequeño sobresalto. Enarcó una media sonrisa y fue a prepararse un café, intentando no hacer ruido.
Se apoyó en el marco de la puerta y le dio un sorbo a la taza de café, mirando a Sweety dormir, absorto. Al rato se incorpora y se va hacia el despacho con la taza aún en la mano. Le da un sorbo al café y la deja sobre el escritorio. Empieza a rebuscar entre los diversos aparatos que tiene acumulados allí.
Cuando por fin dio con la caja que busacaba, sonrió victorioso. La agarró con ambas manos y se levantó. Cargó con ella hasta el salón y la puso sobre la mesa de té. Sin pensar si podía molestar o no, con tan solo la idea de darselo antes de tener que irse a trabajar, zarandeó suavemente a Keyne.
– Buenos diiaaaas.

Keyne

Se encontraba entre aldones de colores y peluches, hasta algunos animalillos andaban tranquilos a su alrededor; una ardillita se le acercaba y olisqueaba, un conejito se posaba entre sus piernas y él lo acariciaba... Todo estaba suave, cálido y apacible. Se habría quedado allí toda la vida de no ser porque todo, de repente, empezó a moverse y zarandearse de un lado a otro como si un torbellino lo sacara de aquel lugar. Esa voz...Intentó abrir los ojos, aunque apenas lo consiguió. Estaba siendo zarándeado por Eker mientra le decía algo que ni escuchaba en estos momentos. Sus despertares eran...lentos.
Se incorporó como pudo, sentándose envuelto en todas aquellas mantas e intentando ajustar la mirada restregándose las manos por los ojos y saboreó el extraño gusto a baba seca que tenía por la boca. Estaba casi dormido aun...
–Mmmmm? –dijo mirándo a Eker con los ojos entreabiertos como si no estuviese aun vivo.

Eker

– Buenos días, algodón dormilóon~ –repitió cuando vio que empezaba a despertarse. Aunque lo de dormilón realmente sobraba porque era él quien había madrugado más de lo normal–. Mira lo que tengo aquí~

Keyne

Lo miro intentando mirarlo...Dios, cuanto le costaba despertarse...
– ¿El qué? –miró extrañado la caja sin fijarse muy bien qué era y miró a Eker. –¿Qué pasa?– No entendía muy bien a qué venía tanto alboroto.

Eker

–Sé que no es gran cosa pero... quería darte un regalo de bienvenida –sonríe cariñosamente–. Es algo viejo –y con eso se refería a que tenía poco más de un par de años–, pero por entonces cuando lo monté era de lo más. Ahora ya no lo uso porque al entrar en la empresa conseguí otra computadora así que... es tooda tuyo –habla atropeyadamente y, al terminar, hace un aspaviento con la mano como quien presenta un espectáculo de circo.

Keyne

Como pudo escuchó lo que le dijo Eker, aunque casi pareció que escuchó: “Bla bla bla bla bla...bla bla, bla bla computadora bla...bla bla tuyo…”
De repente su sistema entero pareció activarse, se incorporó y avalanzó hacia Eker, enganchándosele encima mientras miraba la caja con entusiasmo.
–¿Mio?¿Todo mio?¿Para mí de mí, mí? – dijo emocionado mientras se zarandeaba encima de Eker con "la llave" que parecía estar haciendole.

Eker

Se rió a carcajadas.
– Para de ti de ti, ti, sí –respondió con una sonrisa, mientras intentaba quitarselo de encima con alguna cosquilla, divertido.
Pone la mano sobre la caja.
–Está la caja, el monitor y todos los cables dentro. No te puedo ayudar a montarlo, porque tengo que pirarme a trabajar, pero seguro que no tendrás ningún problema tú solo. Móntalo si quieres en el salón o en mi "despacho" y ya cuando arreglemos tu cuarto lo vuelves a montar en él –le revuelve el pelo con mimo–. ¡Y no me entretengo más o llegaré al trabajo hecho una chacha! –añade, antes de salir pitando a arreglarse.

Keyne

Se encontraba frente a una caja de un pc nuevito en el salón. Apretó los puños, se los puso a la altura del pecho emocionado y empezó a dar saltitos y gimoteitos de emoción.
–Tengo un pc nueeevo, tengo un pc nueeeevo– canturreaba mientras pensaba en todas las cosas que podría hacer, todas las mejoras que le podría poner si podía...¿Él?¿Problemas montándolo? El que iba a tener problemas era el pc ya que lo iba a examinar completamente mientras lo desmontaba y montaba. –Graciaaaaas!– Se acordó en reaccionar, a viva voz ya que Eker ya estaba arreglándose. Emocionado, se abalanzó a la caja y la abrazó, acariciándola suavemente. –Vamos a desempolvarte chico.– le susurró y comenzó a abrirla.

Eker

Se vistió aprisa y corriendo, pero sin descuidar ni por un momento cada aspecto de su imagen. Se puso un traje elegante y relativamente sencillo, con una camisa de un color amarillo pollo -estaba contento como para ponerse otra cosa aquel día-, y unos tacones a conjunto. Añadió a todo ello una peluca de media melena corta de color cobrizo, de aspecto muy natural, y un litro de perfume. Tras ello, salió del baño.
– ¡Nos vemos a la noche! Pásatelo bieeeen pero no me destroces la casaaaa~~ –grita mientras corre por el piso hasta la puerta de la calle.

Keyne

Lo miró, aunque de pasada porque llevaba mucha prisa. ¿Entonces siempre salía así, aaaaam? No era algo que le importaba pero era algo a lo que aun se tenía que acostumbras. Es más, le parecía gracioso, pensaba que era vivir con una hermana y un hermano, y eso en el fondo le encantaba. Antes de que se fuera por la puerta, se levantó y corrió él también hasta la puerta, lo abrazó fuertemente diciendo.
--Que te sea leve el trabajoooo!! -- Y se separó rápido ya que Eker tenía prisa. Nunca era tan cariñoso, solía mantener las distancias, pero con Eker todo lo sentía diferente. -Me pondré con el ordenador ahora. --dijo sonriente.

Eker

Aquella despedida le pilló por sorpresa. No estaba acostumbrado, realmente, a tener a nadie en casa de quien despedirse y, mucho menos, despedirse de aquellas formas. Sonrió ampliamente, contento -sus dientes parecieron aún más blancos de lo habitual en contraste con el carmín-, y le devolvió el abrazo, algo azarado. Se despidió una última vez, antes de irse con un cohete en el culo.